Graffiti, arte ilegal
La historia del graffiti nos demuestra que es un arte ilegal debido a que se gesta en propiedades privadas y sin el permiso del propietario, pero el verdadero graffitero no es un delincuente ni se dedica a la venta de drogas, y más allá de los peligros a los que están expuestos cotidianamente, continúan fieles a este arte y a la necesidad de expresar sus sentimientos. Lo que motiva a la mayoría de los graffiteros, sobre todo los ilegales, no es la necesidad típica del arte tradicional (expresar, comunicar, etc.), sino poder decir quién es uno, de dónde es y para qué lo hace. Es fundamentalmente conseguir fama dentro de la comunidad de graffiteros, y esto explica la multiplicación de tags en los muros, trenes, etc. para que así lo observen la mayor gente posible. En general a todo esto lo encierra un alto nivel de ego.
Pero para muchos hay una necesitad bárbara de expresar y comunicar, es lo que al público les gusta, es como volverse un poco comercial pero sin dejar lo underground del graffiti.
El hacer lo ilegal es como un impulso que te llama a lo prohibido, ¿quién ha desobedecido órdenes, o quién nunca ha desafiado las leyes? Pienso que el graffitero busca esas emociones fuertes en transgredir lo prohibido, sentir la adrenalina al máximo y exponerse al peligro. Esa es la naturaleza del graffiti puro.

Como muchos me decían en posts anteriores con respecto a que culpaba a la sociedad, en verdad no la culpo del todo, pero si la gente abriera sus mentes un poco más y las autoridades ofrecieran más espacios para poder realizar graffitis, todo esto cambiaría con el tiempo.



Escrito por Edwin Higuchi
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